Pionera en terapias para el daño cerebral

Daño Cerebral en León y Asturias

Carmen Rodríguez relanza el proyecto que inició hace veinte años para mejorar la calidad de vida de las personas que sufren ictus y otras lesiones adquiridas.

ana gaitero
28/03/2019

LEÓN

Carmen Rodríguez Sánchez fue pionera en el noroeste de España en poner en marcha un proyecto para mejorar la calidad de vida de las personas con daño cerebral adquirido. Como terapeuta ocupacional en la Serguridad Social vio los límites que existían para avanzar en ese terreno y empezó a formarse.

«Me gusta la neurología y cuando empecé a trabajar como terapeuta vi que eran los pacientes más desahuciados. Nadie los quería», comenta. En realidad, agrega, «no teníamos herramientas para ayudarles», admite. «La vida te pondrá obstáculos, pero los límites los pones tú», es el lema de esta terapeuta, que lo ha querido dejar plasmado en su nuevo centro Neuro Redacer León.

Carmen Rodríguez empezó a formarse con Jone Echarri y su campo profesional se abrió a otra forma de enfocar la rehabilitación neurológica. «Nos puso en contacto con la terapia Bobath, que se inició en Inglaterra, y nos enseñó cosas como hacer relajar un brazo de un paciente haciendo un movimiento del cuerpo, cuando hasta entonces nos centrábamos en dar masajes a esa brazo con pocos resultados», apunta.

En este tiempo, entre León y Asturias, donde abrió su segunda clínica, ha tratado a cerca de 1.500 personas con daño cerebral adquirido. También ha sido pionera en la formación de tutores para la aplicación de las técnicas de rehabilitación desde que Bettina Paez impartió los primeros cursos en sus centros.

Lesiones como el síndrome del empujador o pusher han revolucionado su tratamiento con los nuevos conceptos de rehabilitación basados en las neurociencias y la neurofisiología. «Hoy en día una persona con este síndrome, si se coge a tiempo, puede volver a caminar», precisa Rodríguez. El síndrome se produce porque las personas que sufren un daño en su movilidad tienden a forzar el ‘lado bueno’ y la base de la rehabilitación es corregir esta postura antes de que sea irreversible. «Es más difícil quitar los patrones de compensación un año después de un ictus que si se empieza antes», explica.

Gracias a los avances de las neurociencias ahora se conoce la importancia que tienen los centros subcorticales del cerebro, y no la corteza, los responsables de las partes automáticas del cerebro. Estos conocimientos han revolucionado las terapias para corregir posturas o modular la espasticidad.

La mayoría de los pacientes que reciben han sufrido ictus, ya sea hemorrágico o traumático. La rehabilitación hospitalaria no pasa de los seis meses, cuando «se requiere un mínimo de un año en casos graves», apostilla.

El descenso de accidentes de tráfico hace que haya menos personas con daño cerebral por traumatismo, mientras aumenta la demanda de pacientes con esclerosis múltiple o párkinson.

Entre los casos más satisfactorios de estos años de experiencia cita Carmen Rodríguez a un veterinario «con el que empezamos a experimentar nuevas terapias y que logró volver a ejercer su profesión». También una mujer que ha conseguido caminar y ser más independiente después de un daño importante. «Hemos conseguido muchos casos de éxito, no todos», aclara.

Según Rodríguez, la formación de los profesionales en el ámbito público de la rehabilitación está muy por encima del aprovechamiento que por regla general hace el sistema. De ahí que las clínicas de rehabilitación de daño cerebral hayan florecido en los últimos años.

Rodríguez es firme defensora de la creación de una Unidad de Daño Cerebral en el Hospital de León, en la que se centralice la rehabilitación de los pacientes neurológicos.

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