¿Y a mi quién me cuida?

Cuando una persona cae enferma o tiene secuelas tras una enfermedad o accidente (ya sea traumático o vascular) y pasa a ser dependiente, su vida y la vida de su entorno más cercano cambia. Los profesionales que trabajamos en el ámbito de la neurología lo vemos a diario.
Muchos de nuestros usuarios refieren sentirse mal por haberse convertido en una carga para sus familias, este sentimiento de culpa influye negativamente en su estado de ánimo y, por lo tanto, en su recuperación. Es cierto que no podemos cambiar lo que ha pasado, pero los equipos de profesionales que tratamos a estas personas debemos estudiar todos los factores que pueden estar influyendo tanto positivamente como negativamente en la recuperación de las personas que tratamos. El estado de ánimo, las relaciones familiares, los recursos económicos, humanos y físicos (barreras arquitectónicas), son algunos de los factores que influyen en la rehabilitación y, por lo tanto, debemos conocerlos.

Desde el equipo formado por distintos profesionales, podemos ofrecer recursos alternativos a la rehabilitación tanto a los usuarios como a sus familias. Ya hay familias que conocen y piden apoyo psicológico y se benefician de ello. Pero muchas familias y usuarios no conocen el rol que tiene la Terapia Ocupacional y que llega más allá de enseñar a vestirse, asearse y comer con la mayor autonomía posible a la persona que acude a la rehabilitación. Como terapeuta ocupacional me siento en el deber de informar sobre estos recursos con los que puede contar la familia y que son desconocidos para muchos.

La terapeuta ocupacional es la que se encarga de hacer una visita al domicilio familiar y ayudar a organizar el entorno para facilitar el cuidado de la persona dependiente y el día a día de los cuidadores/as. ¿Cómo? Ofreciendo y recomendando información sobre productos de apoyo (esas cosas que se venden en las ortopedias, como grúas, arneses, camas articuladas y regulables en altura, etc.), adaptando la silla de ruedas a las características y necesidades propias de la persona que la utilizará, ayudando en la eliminación de barreras arquitectónicas e instruyendo para el manejo de la persona gran dependiente en todas las tareas que se le realizan a diario (aseo, vestido, alimentación, transferencias). Este último, es un trabajo que se realiza con el/la cuidador/a, para proteger su espalda, sus articulaciones… y minimizar su fatiga física. Si quien cuida se fatiga menos y no se hace daño, podrá cuidar mejor. ¿No es verdad?

Volvamos a los cuidadores/as, esos grandes olvidados. A veces nos centramos tanto en la persona “enferma” que olvidamos a quien siempre está ahí con ella. ¿Y a mí quién me cuida? Esta pregunta, deberían hacérsela todos los cuidadores principales de personas dependientes. Pero la realidad es que los profesionales nunca, o casi nunca, escuchamos a estas familias plantearse ni siquiera algo parecido. ¿Acaso alguien se preocupa de que un cuidador pueda llegar al extremo de caer enfermo por anteponer el cuidado de su familiar a todo lo demás en su vida?
Con esta pregunta sólo pretendo concienciar, pero no a las masas, sino a esa persona que se olvida de sí misma para ayudar a otra que lo necesita. Si tú no te cuidas… nadie lo hará por ti. Pero quiero que recuerdes que no estás solo o sola, hay profesionales que te pueden ayudar. Desde luego, no será la panacea que solucione todos los problemas, pero podrán ayudar a hacer más llevadero ese día a día.

Es por ello que considero de gran importancia que tanto el usuario como el familiar disipen cualquier duda o faciliten cualquier dato, por insignificante que parezca, y mantengan una comunicación constante con los profesionales que les tratan, puesto que puede aportar muchísima información. Por muchos test y entrevistas que pasemos, muchas cosas importantes pueden pasar desapercibidas, por no haberle dado la importancia que merecía.
“me he comprado una grúa en la ortopedia para mover a mi padre, pero he dejado de utilizarla, puesto que tardo mucho con ella y al final lo coloco igual de torcido en la silla de ruedas y me termino deslomando igual que antes”

En este caso, un terapeuta ocupacional podría haber estudiado el estado del padre y las capacidades del hijo para poder determinar el uso o no de la grúa. Y dado el caso, enseñar el correcto uso de este aparato. Y si se desecha la idea de comprar una grúa, una buena higiene postural y manejo de la persona dependiente es primordial para evitar lesiones tanto de quien manipula como de quien es manipulado. En definitiva, evitar que nadie se “deslome”.
Cada circunstancia es personal, no hay una familia igual a otra, pero quiero recordar a esas personas encargadas de cuidar a un familiar que necesitan cuidarse a sí mismas. Que no se sientan culpables por delegar responsabilidades en profesionales, estamentos públicos, o contratando a alguien para que les ayude (si se lo pueden permitir económicamente). Deben cuidarse. ¡Cuídate!

¡Cuídate! Todo parte de un buen descanso y la alimentación es primordial, pero, como terapeuta ocupacional que soy, no puedo dejar de lado la importancia de “la actividad con significado y sentido para la persona”. Delega el cuidado de esa persona querida para poder ocuparte de ti mismo/a, salir a pasear, ir al cine, de compras, tirarte en el sofá, darte un baño de espuma, ver el partido con los amigos, echar una partida de cartas, hacer una ruta de montaña, leer un buen libro, asistir a una clase de yoga, pilates o lo que sea… busca tu bienestar y el día a día se hará más llevadero.

No dejes de preguntarte de vez en cuando ¿y a mí quién me cuida?
, para poder analizar tus propias necesidades. Recuerda que si quieres cuidar a ese ser querido debes partir por cuidarte a ti mismo. Un/a cuidador/a debe estar, como dice mi abuela, “buena, sana y fuerte!” (aplíquese a ambos géneros).
Y si te sientes perdido/a, habla con los profesionales que tratan a tu familiar, tal vez puedan ayudarte.

Raquel Viviens- (Terapeuta Ocupacional) y Silvia Roncero (Fisioterapeuta).

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